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24 de octubre de 2011

Epílogo:

"No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo"
-J.D.Salinger- ("El guardián entre el centeno")




15 de octubre de 2010

53. La sonrisa del ganador:

"No hay sala de fiestas en el mundo entero que se pueda soportar mucho tiempo a no ser que pueda uno emborracharse o que vaya con una mujer que le vuelva loco de verdad"
-El guardián entre el centeno- (J.D.Salinger)

-Arte urbano- (realizado por el colectivo "310 Squad", en Moscú)


-La sonrisa del ganador-

La fiesta será dura,
habrá muertos.

No llevaré pijama
pero respetaré las formas.
Las paredes del salón
esperan tu epifanía.

Velas electrónicas
dibujan un graffiti:
“Los abrigos están nuevos
tras los charcos”

Así baila la sonrisa
del ganador.


13 de junio de 2010

28. Śmierć Miasta:


-Śmierć Miasta-

No hay nada que hacer
mientras nuestra ciudad se muere.

Queda mucho por intentar,
mientras muere nuestra ciudad.

















“Cuando retiró las manos de la cabeza, X se puso a contemplar la mesa del escritorio, que era una especie de receptáculo con unas dos docenas de cartas sin abrir y por lo menos cinco o seis paquetes, también sin abrir, dirigidos a él. Buscó detrás de los escombros y tomó un libro que estaba contra la pared. Su autor era Goebbels y se llamaba Die Zeit ohne Beispiel. Pertenecía a la hija de la familia, una mujer de treinta y ocho años, soltera, que hasta pocas semanas antes había estado viviendo en la casa. Había sido una funcionaria subalterna del partido nazi, pero de jerarquía suficiente, según las normas del reglamento militar, como para entrar en la categoría de “arresto automático”. El propio X la había arrestado. Ahora, por tercera vez desde que había regresado del hospital ese día, abrió el libro de la mujer y leyó la breve anotación en la primera página. Escritas en tinta, en alemán, con una letra pequeña e irremisiblemente sincera, se leían las palabras: “Santo Dios, la vida es un infierno”. Nada más, ni antes ni después. Solas en la página, y en la enfermiza quietud de la habitación, las palabras parecían adquirir dimensiones de una declaración irrefutable y hasta clásica. X contempló la página durante varios minutos, tratando a duras penas de no dejarse engañar. Entonces, con un celo mayor del que había puesto en cualquier otra cosa durante semanas, tomó un lápiz y escribió debajo de la anotación, en inglés: “Padres y maestros, yo me pregunto: ¿qué es el infierno?. Sostengo que es el sufrimiento de no poder amar”. Empezó a escribir debajo el nombre de Dostoyevski, pero vio –con un temor que le recorrió todo el cuerpo- que lo que había escrito era casi totalmente ilegible. Cerró el libro".

-J.D.Salinger- (“Para Esmé, con amor y sordidez” - Nueve cuentos)


-Władysław Szpilman- (“Nocturno en do sostenido menor”, de F. Chopin).

19 de enero de 2010

6. Incunable:

"Luego me puse a encender cerillas. Lo hago muchas veces cuando estoy de cierto humor. Las dejo arder hasta que ya no puedo sostenerlas y entonces las dejo caer en el cenicero"

-El guardián entre el centeno- (J. D. Salinger)




-Incunable-

De ojos tan incomprensibles
se escuchan los primeros arpegios de un neófito.
Evitas ese respeto abrumador
del que inevitablemente se impregnan
los colores del pasado.

Una historia épica, novelada…
arrebato emocional de un millón de instantes
que podrían pertenecerte, pero no son tuyos.
Pentagramas legibles en la retina.
Un incunable. Y lo habías olvidado.

Sonríes atrevido, heroico, sin medir las consecuencias.
El espectro electromagnético es abismal,
un exceso reconfortante que adormece la razón.
Tu pulso consciente, rendido al color de su música.
Obligado, comulgas con el acto de fe.

Es urgente perderse en ellos, y seguir leyendo
sin importar las consecuencias.