“Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes”
-Ángel González-
-Llámame Parker- (Cortometraje)
-Tuve que poner mi cara de emoticón-
Abrieron una nueva librería en el centro.
Parecía bien chida, y entré.
Sentados, algunos
tomaban café para olvidar
el aroma botánico de las palabras.
Una antigua compañera de facultad
que sufría desde su mesa una espantosa sinusitis
me preguntó desconcertada:
¿Después de haber estado más de una hora
hojeando libros, no te llevas ninguno?
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Abrieron una nueva librería en el centro.
Parecía bien chida, pero sólo lo parecía.
"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Ciertamente el espectáculo es espléndido, pero en cuanto a representar allí algún papel, eso es otra cosa"
-Arthur Schopenhauer-
-The privateers-(Andrew Bird)
Don't sell me anything
Your one time offer, so uncalled for
You call it piece of mind
Cause I can see your house from here
Now leaves have fallen, dear
I can see you're just a little privateer
As your confession draws more near
Time and again, I find I'm listless
Or rather, fistless
In time, oh, that's what I find
So carry me to Mecca
With what you may divine
Take me with you, take me with you
Don't leave me behind
Oh cause I, I don't want your life insurance
Home, moto, health, flood, and fire insurance
Oh, just make, please make this basic inference
And speak of me in the present tense
Oh cause I, I can see your ship from here
Now the weather, so bright and clear
I can see you're just a little profiteer
As your confession draws more near
As your confession draws more near
As your confession draws more near
“Cuando retiró las manos de la cabeza, X se puso a contemplar la mesa del escritorio, que era una especie de receptáculo con unas dos docenas de cartas sin abrir y por lo menos cinco o seis paquetes, también sin abrir, dirigidos a él. Buscó detrás de los escombros y tomó un libro que estaba contra la pared. Su autor era Goebbels y se llamaba Die Zeit ohne Beispiel. Pertenecía a la hija de la familia, una mujer de treinta y ocho años, soltera, que hasta pocas semanas antes había estado viviendo en la casa. Había sido una funcionaria subalterna del partido nazi, pero de jerarquía suficiente, según las normas del reglamento militar, como para entrar en la categoría de “arresto automático”. El propio X la había arrestado. Ahora, por tercera vez desde que había regresado del hospital ese día, abrió el libro de la mujer y leyó la breve anotación en la primera página. Escritas en tinta, en alemán, con una letra pequeña e irremisiblemente sincera, se leían las palabras: “Santo Dios, la vida es un infierno”. Nada más, ni antes ni después. Solas en la página, y en la enfermiza quietud de la habitación, las palabras parecían adquirir dimensiones de una declaración irrefutable y hasta clásica. X contempló la página durante varios minutos, tratando a duras penas de no dejarse engañar. Entonces, con un celo mayor del que había puesto en cualquier otra cosa durante semanas, tomó un lápiz y escribió debajo de la anotación, en inglés: “Padres y maestros, yo me pregunto: ¿qué es el infierno?. Sostengo que es el sufrimiento de no poder amar”. Empezó a escribir debajo el nombre de Dostoyevski, pero vio –con un temor que le recorrió todo el cuerpo- que lo que había escrito era casi totalmente ilegible. Cerró el libro".
-J.D.Salinger- (“Para Esmé, con amor y sordidez” - Nueve cuentos)
-Władysław Szpilman- (“Nocturno en do sostenido menor”, de F. Chopin).